Simplemente maravillosa
Simplemente maravillosa
Hermosa, perfecta, radiante,
simplemente maravillosa.
Sensual y distante,
mágica y electrizante.Víctima soy de tus encantos,
de tus ojos hipnotizantes,
de tus labios que no me llaman,
de tu silencio que me alcanza.Sutilmente embriagante,
de mis pasiones detonante,
simplemente maravillosa,
de mis versos viniste a adueñarte.— Ricardo M. Guerra
Sobre este poema
Es el poema más cercano a la tradición del elogio amoroso. Empieza con una serie de adjetivos («Hermosa, perfecta, radiante») y adopta casi la forma de un retrato. La rima asonante en «-ante» (radiante, distante, electrizante, hipnotizante, embriagante, detonante, adueñarte) le da musicalidad y un aire de canción.
Lo más interesante aparece en los contrastes. La amada es «sensual y distante», y sus labios «no me llaman». El elogio convive con la imposibilidad: el hablante se declara «víctima» de unos encantos que no son para él. Así, el poema se inscribe en la tradición del amor no correspondido, donde la belleza del otro es también la medida de su lejanía.
El verso «de tu silencio que me alcanza» es probablemente el mejor del texto: el silencio, que debería ser ausencia, actúa y llega hasta él. El cierre, «de mis versos viniste a adueñarte», vuelve a un motivo recurrente del sitio: la persona amada se convierte en dueña de la escritura. Puede leerse como el poema inicial de un ciclo que otros textos, como «Dueles» o «Exilio», continúan desde la pérdida.
