Exilio


¿Cómo, cómo te exilio de mis pensamientos?
¿Cómo te arranco del motivo de mis versos?
¿Cómo acostumbrarme a tu ausencia
y dejar de atormentarme con tu silencio?

¿Cómo dejar de sobrepensar las cosas?
¿Cómo entender que tu abandono lo dice todo?
Que no eres lo que yo pensaba,
así como yo, lo que tú esperabas.

¿Cómo entender que la vida sigue,
aun con el corazón roto
y los sentimientos destrozados,
avanzando, siendo sin ser?

Quizás sea recogiendo los pedazos,
reconstruyéndome en cada fragmento,
soltando lenta y paulatinamente…
hasta que importes un carajo.

    — Ricardo M. Guerra


 

Sobre este poema

«Exilio» se construye casi por completo con preguntas que empiezan con «¿Cómo…?». La anáfora tiene un efecto acumulativo: no son dudas reales que esperen respuesta, sino la forma en que una mente da vueltas sobre la misma herida. El poema retrata con bastante exactitud el fenómeno de sobrepensar, que de hecho nombra.

La metáfora del título es política: exiliar a alguien de los propios pensamientos, desterrarlo de un territorio interior. Y también aparece el motivo de la escritura: «¿Cómo te arranco del motivo de mis versos?», que conecta este texto con otros poemas del sitio donde el ser amado y la poesía se confunden.

Un momento de lucidez rompe la cadena de preguntas: «Que no eres lo que yo pensaba, / así como yo, lo que tú esperabas». La desilusión es mutua, y eso le quita dramatismo victimista. El final cambia bruscamente de registro con una expresión coloquial y deliberadamente prosaica: «hasta que importes un carajo». Ese descenso de tono funciona como una pequeña liberación: después de tanta pregunta lírica, la sanación se nombra con lenguaje de todos los días.