KINTSUGI
KINTSUGI
Estoy roto,
Contemplo y escucho:
mi respiración,
mis latidos,
mi vida.Cada precioso instante de mis segundos,
con el que la soledad me abraza.
Cada hermosura de la eternidad de mis minutos,
con el que el pensamiento me amordaza.Contemplo y siento
cómo el dolor se diluye,
se siente,
se aprende.
Me hago fuerte.
Me amo.— Ricardo M. Guerra
Sobre este poema
El título remite al kintsugi, la técnica japonesa que repara la cerámica rota con laca y oro, de modo que las grietas no se ocultan, sino que se resaltan. El poema adopta esa filosofía desde el primer verso: «Estoy roto, / pero soy perfecto». La paradoja es la tesis del texto: la ruptura no anula el valor, lo transforma.
Las imágenes de la primera parte pertenecen a la forja: «forjado en las alegrías, / templado en las desdichas». El hablante se describe como un material trabajado por el fuego. Después, el poema se vuelve contemplativo y casi meditativo: escucha la respiración, los latidos, la vida. La soledad aparece con un doble movimiento: abraza, pero el pensamiento también «amordaza».
El cierre es una secuencia de afirmaciones breves: el dolor «se diluye, / se siente, / se aprende», y después «Me hago fuerte. / Me amo». La progresión es clara: primero se reconoce el dolor y luego se integra. Como en el kintsugi, la herida no desaparece, pero pasa a formar parte de la belleza del objeto. Es, junto con «Inconmensurable», el texto que mejor sintetiza el eje del amor propio en el sitio.
