Ocaso o Teoría poética sobre el atardecer

Hay promesas en
los atardeceres,
sueños inconclusos
y traiciones consumadas.

En el ocaso,
ilusos y enamorados
—si es que no son lo mismo—
guardan sus esperanzas
y creen que el amor estará ahí mañana.

Pero poetas y despechados
—si es que no son lo mismo—
también alzan la mirada
y guardan ahí sus desamores.

Yo quiero creer
que hay una tregua en el ocaso,
que perderse ahí con la mirada
deja una anestesia de esperanza...
pero últimamente, el sol solo me sabe a nostalgia.

Porque hay promesas
que con la luz se marchan,
amores vacíos que nacen en el alba
y que, al llegar el ocaso, simplemente, se mueren.

Sobre este poema

El título doble, «Ocaso o Teoría poética sobre el atardecer», anuncia un juego: el poema se presenta casi como un tratado, pero lo que ofrece es una mirada irónica y melancólica sobre un tópico gastado de la poesía amorosa, el atardecer.

La primera estrofa enumera lo que cabe en el ocaso: promesas, sueños inconclusos, traiciones consumadas. Después aparecen dos incisos paralelos que son lo más logrado del texto: «ilusos y enamorados / —si es que no son lo mismo—» y «poetas y despechados / —si es que no son lo mismo—». Con ese recurso el poema se burla con ternura de sus propios personajes y, de paso, del propio poeta.

El hablante quiere creer en una «tregua» o en una «anestesia de esperanza», pero admite que «el sol solo me sabe a nostalgia». La sinestesia (un sol que sabe) condensa el giro emocional. El final propone una cronología breve del amor vacío: nace en el alba y muere al caer la tarde. El atardecer deja de ser promesa y se convierte en el momento en que ciertas ilusiones dejan de fingir que siguen vivas.