Vuelvo
Vuelvo
Vuelvo con nuevos bríos,
con ilusiones renovadas,
el olvido a mis espaldas,
y nuevos significados en mis manos.
Vuelvo con hermosas cicatrices,
heridas de un pasado,
testimonio de que estoy completo,
surcan mi corazón afanado.
Estas me sostienen,
atraviesan mi alma,
veredas de lo que fui,
promontorios de lo que soy.
Hoy camino firme,
consciente de cada paso.
Ricardo M. Guerra.
Sobre este poema
«Vuelvo» es un poema de regreso, y por fecha es el más antiguo del sitio, lo que le da un valor casi inaugural. El hablante no regresa a un lugar, sino a sí mismo, y lo hace «con nuevos bríos, / con ilusiones renovadas, / el olvido a mis espaldas».
La imagen central son las cicatrices, que el poema califica de «hermosas». Igual que en «Kintsugi», la herida no se esconde: se exhibe como «testimonio de que estoy completo». Es una paradoja que atraviesa buena parte de la obra publicada aquí: lo roto no es lo incompleto, sino la prueba de haber vivido.
La última parte usa imágenes de paisaje para describir esas marcas: «veredas de lo que fui, / promontorios de lo que soy». Las cicatrices se convierten en un mapa del propio camino, con senderos y elevaciones. El cierre, «Hoy camino firme, / consciente de cada paso», es sobrio y sin exaltación. Frente a los poemas de duelo del sitio, «Vuelvo» funciona como punto de llegada: la voz ya no pregunta cómo olvidar, sino que avanza.